Plan de la exposición

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Trabajadores forzados olvidados de la Segunda Guerra Mundial

  1. Soldados-obreros en la Línea Maginot
  2. Comandos de obreros para el régimen de Vichy en Francia
  3. Penales de trabajo en el Norte de África
  4. Trabajadores forzados en la Organización Todt en Francia
  5. Trabajo esclavo en las Islas del Canal
  6. Trabajo forzado en el Reich
  7. Justicia y Memoria

Soldados-obreros en la Línea Maginot

En vista de la guerra europea que se ya se adivinaba, en la primavera de 1939 el gobierno de Francia decidió que los refugiados contribuyesen a la defensa del país. Todos los extranjeros desempleados que quisieran seguir residiendo en Francia debían comprometerse a aceptar un servicio de trabajo obligatorio o bien enrolarse en el Ejército. De los aproximadamente 100.000 españoles veteranos de la Guerra Civil, unos 6.000 optaron por tomar de nuevo las armas y participaron en la batalla de Narvik en Noruega y en la fallida contención de la Wehrmacht en el norte de Francia, sufriendo gran número de bajas. Los restantes 95.000 se convirtieron en “prestataires” para la economía de guerra francesa. De ellos 40.000 fueron puestos a disposición de empresas de todos los sectores de producción. Los otros 55.000 fueron integrados en compañías de trabajo militarizadas, las Compagnies de Travailleurs Étrangers (CTE) compuestas por 250 hombres a cargo de un oficial francés. La mayoría de las CTE fueron enviadas a la frontera norte y este de Francia con el objetivo de reforzar la Línea Maginot que debía frenar un eventual ataque alemán. Durante la ofensiva de la Wehrmacht, 5.000 españoles perdieron la vida y otros 7.000 fueron apresados y recluidos en campos de prisioneros de guerra en Alemania, desde donde poco después serían enviados a Mauthausen y otros campos de concentración.

Trabajo forzado en la Alemania nazi

Los 10.000 españoles deportados a campos de concentración sufrieron la más extrema explotación. La mayoría de ellos estuvieron en Mauthausen, el único campo del Reich de categoría III, es decir donde se buscaba la exterminación a través del trabajo („Vernichtung durch Arbeit“). El martirio sufrido por estos españoles ha sido ampliamente estudiado y forma parte de nuestra memoria colectiva. Sin embargo apenas sabemos nada sobre los otros c. 2.000 „Rotspanier“ (según las estadísticas alemanas), que por diferentes vías acabaron trabajando en el Reich. Como hemos podido descubrir en nuestra investigación, algunos eran trabajadores de la Organización Todt enviados desde Francia en 1944 para reforzar la producción de armamento. Otros se enrolaron voluntariamente al comienzo de la guerra para trabajar en Alemania y acabaron siendo engullidos por la maquina del trabajo forzado. Fue el caso de Ángela Garriga y Salvador Sánchez (ella maestra de escuela evacuada con niños de la guerra cántabros, él chef de los mejores hoteles de la costa mediterránea), que se conocieron y casaron en el exilio francés. En 1941 buscaron su suerte en Alemania y el destino les envió a los fogones de la empresa IG Farben en Auschwitz II, de donde serían liberados por el Ejército Rojo en 1945. Muchas historias como esta de trabajadores forzados españoles en Alemania siguen siendo hoy totalmente desconocidas en nuestro país.

Comandos de trabajo del régimen de Vichy

Los exiliados españoles que se encontraban en la zona no ocupada de Francia en el momento del armisticio quedaron de momento a salvo de la eventual deportación a la Alemania nazi, no así sin embargo de la política represiva desplegada por el nuevo régimen del mariscal Petain. En 

 

septiembre de 1940, el gobierno de Vichy aprobó una ley que ponía a disposición de la economía francesa a los „extranjeros excedentarios“, gran parte de ellos republicanos españoles, pero también refugiados antifascistas de toda Europa, judíos, gitanos, etc. Organizados en 200 Groupes de Travailleurs Étrangers (GTE) e internados en campos repartidos por todo el territorio controlado por Vichy, más de 30.000 españoles y 10.000 exiliados de otras nacionalidades serían empleados durante casi cuatro años en la industria, la construcción civil y la agricultura sin cobrar cualquier salario y en condiciones a veces extremas. Hasta muy recientemente, la explotación de mano de obra extranjera por parte del régimen Vichy no había sido apenas tematizada en Francia, donde como es sabido la memoria sobre los años de la guerra mundial sigue siendo problemática.

Penales de trabajo en el Norte de África

También en los territorios franceses del norte de África las autoridades de Vichy crearon un sistema de campos de internamiento para 10.000 trabajadores forzados españoles, y varios miles de comunistas franceses, nacionalistas árabes y antifascistas de toda Europa, entre ellos muchos intelectuales. Los primeros españoles sometidos a trabajo forzado en las colonias francesas fueron exiliados de la Guerra Civil que habían buscado allí refugio. A ellos se sumaron en el otoño de 1940 miles de deportados desde el campo de La Vernet en Francia. El campo con mayor presencia de exiliados republicanos era el de Djelfa, 200 kms. al sur de Argel. Allí residían 800 españoles, que como la gran mayoría de sus compañeros de infortunio trabajaron en condiciones extremas en un proyecto descomunal: la construcción de una línea férrea de 3.000 kms. entre Senegal y Argelia. El Transahariano era un viejo sueño del imperialismo francés que además de acercar a la metrópoli materias primas de las colonias africanas debía permitir un rápido movimiento de tropas en la región. Al final de la guerra, solo se habían construido 46 kms. de vías. Los exiliados españoles fueron así víctimas de la megalómana política colonial de Vichy.

Trabajadores forzados de la Organización Todt

Creada en 1938 por el ingeniero preferido de Hitler responsable de la red de autopistas del Reich, la Organización Todt se convirtió en una pieza clave de la maquinaria de guerra nazi. Su función era construir y reparar infraestructuras civiles y militares en los territorios ocupados: puentes, canales, aeródromos, bunkers, lanzaderas de cohetes, bases submarinas, etc. A un ritmo frenético, su ejército de 1,5 millones de trabajadores libres y forzados implementaron el mayor programa de construcción desde el Imperio Romano. El proyecto más ambicioso de la Organización Todt fue el Muro Atlántico, un sistema de fortificaciones de Hendaya al Cabo Norte que debía impedir la invasión aliada por Occidente. Solo en Francia ocupó a 300.000 trabajadores, la mitad forzados extranjeros que vivían en más de 70 campos vigilados por las SS. Con 55.000, los españoles fueron con diferencia el grupo más numeroso de trabajadores forzados de la Organización Todt en Francia. La mayoría trabajaron en los puertos de Brest, Lorient, Saint Nazaire, La Rochelle y Burdeos construyendo gigantescas estructuras de hormigón para proteger a los U-Boot alemanes de los bombardeos aliados. Muchos dejaron allí sus vidas. En algunas de estas bases submarinas, descendientes de aquellos trabajadores forzados españoles de la Organización Todt han erigido en los últimos años pequeños monumentos en su memoria.

Trabajo esclavo en las Islas del Canal de la Mancha

Como único territorio británico conquistado por la Wehrmacht, las Islas del Canal adquirieron un enorme simbolismo para Hitler, que ordenó convertirlas en inexpugnables fortalezas pese a carecer de cualquier relevancia militar. Para cubrir este pequeño archipiélago de bunkers y otras estructuras defensivas, la Organización Todt empleó a 16.000 trabajadores extranjeros libres y forzados. Entre estos últimos había sobre todo prisioneros de guerra soviéticos, pero también varios miles de árabes, judíos y „Rotspanier“ entregados por el régimen de Vichy. Las condiciones de vida en los campos de la Todt variaron mucho según la isla y el momento de la guerra. En la pequeña isla de Aldernay, de la que fue evacuada toda la población antes de la invasión alemana, las condiciones fueron de extrema dureza. En Aldernay la Organización Todt creó cuatro campos, dos para trabajadores forzados (uno de ellos un subcampo del Campo de Concentración de Neuengamme) y otros dos para trabajadores voluntarios, a los que bautizó con el nombre de islas alemanas en el Mar del Norte. El campo de Norderney albergó a c. 2000 trabajadores forzados españoles, que fueron sometidos a todo tipo de calvarios. Menos de 100 sobrevivieron. Algunos „Rotspanier“ se asentaron en las Islas del Canal tras la guerra y solo gracias a su empeño fue posible que la historia de sus compañeros no cayera definitivamente en el olvido.

Justicia y memoria

A finales de los años cincuenta, centenares de republicanos españoles que habían trabajado para la Organización Todt y que residían en Francia como apátridas, solicitaron indemnización a la RFA, pero esta la denegó con el argumento de que el Reich ni les había privados de libertad ni les había perseguido por su ideología. La reacción de los veteranos exiliados fue denunciar a la administración alemana ante los tribunales para ser reconocidos como víctimas del nazismo por su condición de „Rotspanier“. Ante el desconocimiento general sobre el funcionamiento de la Organización Todt en Francia durante la Segunda Guerra Mundial, el Tribunal de Justicia de Colonia que llevó el caso en primera instancia realizó durante casi una década una profunda investigación y llamó a declarar a centenares de testigos, entre ellos el exministro Albert Speer. También declararon centenares de exiliados españoles, que narraron con detalle su vida en los campos franceses. Estos procesos no tuvieron apenas repercusión en la opinión pública alemana, inmersa por entonces en el largo silencio sobre los sufrimientos provocados por el nazismo. En 1970, el Tribunal Superior de Justicia de la RFA dictaminó que efectivamente los „Rotspanier“ habían sido vistos por el Reich como enemigos en potencia y había recibido por ello un trato más estricto que por ejemplo los trabajadores franceses. Nuestro proyecto de investigación sobre los trabajadores forzados españoles durante la Segunda Guerra Mundial permitirá sacar a la luz el inmenso caudal de información acumulado por los tribunales alemanes durante aquellos procesos.

Antonio Muñoz Sánchez

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Auteur : petergaida

Historiker

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